jueves 25 de junio de 2009

APARIENCIAS

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Vivimos la vida como una actuación. Cada día se nos impone con mayor fuerza la cultura de la apariencia, del que dirán. Regalamos por cumplir, por no quedar mal, porque todos lo hacen, no por agradar.

Manejados por la publicidad y las propagandas, compramos no lo que necesitamos, sino lo que el mercado necesita que compremos y para que nos vean los demás. No para nosotros realmente. Decimos que nos divertimos mucho en la reunión, porque se espera que digamos eso, que nos gustó mucho la película publicitada, que todo el mundo dice que es muy buena, aunque nos hayamos aburrido soberanamente al verla, aplaudimos porque todos lo hacen, sonreímos sin saber porque, cuando todos lo hacen.

Cada día son menos las personas que se atreven a vivir, a ser dueños de su propia vida, a quererse. La mayoría viven para los demás. El televisor, las costumbres, las modas, el que dirán.

El que dirán constituye una agobiante preocupación que se abate sobre muchas personas. Es como una especie de terror a hacer el ridículo, de obsesión por ser como todos, a seguir el camino que siguen todos, a trabajar en lo de todos, a no romper esquemas porque “no somos capaces de hacer aquello que los demás no hacen para llegar a tener lo que los demás no tendrán”. Por ello hacemos mayor ostentación de lujos a o de originalidad y en la mayoría de los casos preferimos esto, antes que invertir en nosotros mismos, en nuestra salud tanto física como mental y espiritual, en sentirnos a gusto en estar bien con nosotros mismos.

Lastimosamente nos centramos en: “Ir allí adonde va todo el mundo” “Hacer lo que todos hacen” “Aplazar lo bueno, lo que nos mejora la salud física, espiritual, a cambios de adquirir apariencia
inmediatamente” “En pensar como todos”. Una de estas suele ser la razón. “¿Qué quiere que haga? Es lo que hace todo el mundo”.

Si lo han rechazado por la sencilla razón de que no viste con ropa de marca, diseñada por diseñadores famosos y lo tildan de “Mal vestido”, no se preocupe, solo tiene que sacrificarse y dejar de comer si es posible durante un mes, tal ves así pueda reunir para comprarse aunque sea una pieza de marca, la cual se tiene que poner cada vez que visite a sus amistades, también puede comprar ropa de imitación y hacerla pasar por original, simplemente consiga etiquetas de ropa de marcas y cósalas en su ropa de imitación. Así se sentirá bien aunque este enfermo. Vivir una vida de mentira, es no vivir. Vivir una vida imaginaria o aparentando lo que no es, es vivir estando muerto, es en definitiva no quererse.


Por eso les pido que no se crean
mejores de lo que realmente son.
Más bien, véanse ustedes mismos
según la capacidad que Dios
les ha dado como seguidores de Cristo.
Romanos 12:3 (Biblia Lenguaje Sencillo)

jueves 28 de mayo de 2009

TRISTEZA O DEPRESIÓN...

Ponerse unas gafas negras y ver todo oscuro, así es como puede explicarse la depresión, un trastorno que deteriora la vida y hace que la visión del mundo sea negativa. Puede producir cambios en el plano cognoscitivo y altera las emociones, afecta todo tipo de personas, especialmente aquellas con antecedentes familiares que en su infancia carecieron de amor, que han tenido que vivir experiencias traumáticas o que no han podido superar una pérdida afectiva. Aunque todos los seres humanos tienen una fuerza en su personalidad para afrontar las dificultades, no todos poseen la misma capacidad para adaptarse a las pérdidas.

Por esta razón, con el tiempo entran en un estado depresivo que puede afectar su estado de ánimo, viven ansiosos o con vacíos que pueden durar semanas, perdida de interés o placer en las mayorías de las actividades, viven con sentimientos de insignificancia, desesperanza y culpabilidad. Pueden tener cambios en los hábitos de sueño, sentir cansancio, pérdida de energía, sensación de lentitud, agitación, inquietud, irritabilidad, dificultad para concentrarse o tomar decisiones, pensamientos frecuentes sobre la muerte.

Es importante diferenciar entre la tristeza y la depresión. La primera es un estado normal que se presenta en la persona ante eventos como la perdida de un ser querido, el abandono del ser amado, la perdida de la libertad. Se desarrolla durante un corto periodo de tiempo, es pasajera, su proceso de recuperación es más fácil en el ser humano. Mientras que la depresión es un trastorno mental caracterizado por sentimientos de inutilidad, culpa, tristeza, indefensión y desesperanza profundas. A diferencia de la tristeza normal, o la del duelo, que sigue a la pérdida de un ser querido, la depresión patológica es una tristeza sin razón aparente que la justifique, y además grave y persistente, que se presenta cuando los límites de la tristeza se sobrepasan. Es un problema de largo tiempo en el que la visión del mundo circundante se estrecha hasta el punto que se distorsiona la realidad.

Una persona depresiva no hace planes para el futuro pues todo lo ve oscuro, generalmente queda en el pasado y se arrepiente de lo que ha hecho en su vida. La depresión se constituye en factor de alto riesgo, que puede llevar a una persona a pensar en el suicidio, muchas veces por factores económicos o separaciones no deseadas, entre otras.

En muchas ocasiones pese a que los síntomas de la depresión son bastante claros, la mayoría de personas afectadas no consultan o no buscan ninguna clase de ayuda, Pero seria apropiado reflexionar en esto: ¿Quién te dijo que tus problemas no tienen solución? No dejes que los problemas o las crisis condicionen tu vida. Entiende que eres único y que Dios te ha dado una capacidad creativa, dones, talentos, y otras habilidades para solucionar los problemas y puedas bendecir a quienes te rodean. Con un nuevo nivel de pensamientos podrás ver posibilidades en tu vida en vez de imposibilidades. Dile adiós al estrés, ansiedad, depresión, miedo, temor, porque en ti habita El que te ha hecho más que vencedor sobre todas estas cosas.

Haz un alto a la ansiedad y descubre claramente cual es el problema. A veces lo que tu crees que es el problema no es el problema. Hazte preguntas: ¿Qué es lo que está mal? ¿Cuál es el problema que estamos tratando de resolver? ¿Cuál es mi responsabilidad en el problema? Se específico, no des vueltas ni caiga sen suposiciones. Para los casados, no hay problemas matrimoniales, solo problemas personales. Colócate metas específicas. ¿Qué me gustaría que ocurriese? ¿Cómo se ve con el problema resuelto? Expande tu imaginación. Piensa en todas las ideas que sean posibles para solucionar el problema. Piensa en posibilidades. Haz muchas preguntas. Olvida la “crisis” por un momento y diviértete pensando como sería tu vida sin ese problema, pregúntate ahora: ¿Qué me falta para solucionar el problema? ¿Qué me impide solucionarlo? Toma acción sobre tus pensamientos.

Una vez encontrado lo que falta para solucionar el problema, diseña un plan de acción que te lleve a esa vida que quieres lograr. No te quedes en el papel. Haz lo que tengas que hacer: perdonar, amar, servir, honrar, disciplinar, perseverar, pagar, trabajar. No te rindas hasta ver tu problema resuelto. Adquiere sabiduría, la sabiduría viene de Dios y a El debemos buscar para que nos ayude en cada paso. Todavía hay respuestas y soluciones. Realmente ¡Naciste para Ganar!


“Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó”. (Romanos 8:37)

lunes 27 de abril de 2009

Cuando se acaban los caminos...

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Cuando se cierran todas las puertas, cuando todos los caminos acaban, y te sientes perdido (a), cuando tu vida ha llegado en un punto donde la duda y la incertidumbre te atacan... cuando no sabes qué hacer, cuál es el próximo paso a dar...

Cuando, las nubes grises se han llegado a instalar sobre tí, y el sol brilla muy lejos, y el ánimo se pierde. Y el silencio, la oscuridad, y el frío es todo lo que tu quisieras sentir. No decaigas, no dejes que el desánimo te acongojen. No permitas que la tempestad vuelque tu barca. Es aquí, donde se prueban las promesas, es aquí donde sabemos de qué madera estamos hechos, es este momento cuando nos damos cuenta de la inmensa misericordia de un Dios, que aunque no se vea humanamente, aunque no podamos sentirlo y las circunstancias nos lo alejen (según nosotros), El está más cerca, sosteniéndonos de su mano.

No hay ninguna circunstancia que se le salga de las manos a Dios acerca de sus hijos. Dios es dador de vida, de vida eterna, así también de amor, y esperanza. Su tiempo no es el nuestro, ni sus caminos, los caminos del hombre. Pero al final, como dice la palabra, todas las cosas ayudan a bien, a aquellos que le aman (Romanos 8:28).

No te sientas perdido (a), no pienses que acá acabó todo. Levántate y resplandece, que tu salvación está por llegar. Y sea cual fuere la senda que te toque caminar, para llegar a tu redención, no dudes por un momento, que al final de la misma, está Dios y su misericordia.

Misericordioso y clemente es Jehová;
Lento para la ira, y grande en misericordia.

No contenderá para siempre,
Ni para siempre guardará el enojo.

No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades,
Ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados.

Porque como la altura de los cielos sobre la tierra,
Engrandeció su misericordia sobre los que le temen.

Cuanto está lejos el oriente del occidente,
Hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones.

Como el padre se compadece de los hijos,
Se compadece Jehová de los que le temen.

Porque él conoce nuestra condición;
Se acuerda de que somos polvo.

Salmo 103:11-14

(Colaboración Lorena Pérez)

sábado 18 de abril de 2009

A través de tu ventana...

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Cuenta la historia que existía un hombre que cada día, miraba al jardin de su vecino, y se ponía a criticarlo, cada día veía que el vecino tenía su ropa sucia, la familia del hombre llena de tierra, las paredes de su casa con mucho polvo, y su labor diaria era criticarle por qué el vecino era tan descuidado y sucio. Lo que él no se había dado cuenta... era que, el cristal de su ventana estaba lleno de polvo y tierra, y todo lo que veía, encerrado en su habitación, con el corazón lleno de amargura... era la suciedad propia... la que existía en su cristal...

Al escuchar esta historia, pude comprender muchas cosas... parte de nuestra restauración, es cuando empezamos a valorarnos de nuevo a nosotros mismos. El punto principal es la Autoestima, y este es un punto vital, que satanás ataca inmisericordemente. Porque si nosotros estamos mal, todo a nuestro alrededor pierde balance y se nos viene abajo la vida.

La falta de autoestima, es una de las causas principales que llevan a la depresión y luego fatalmente a la muerte autoinflingida (el suicidio). Nos sentimos tan poco valiosos porque escuchamos las voces externas que nos dicen lo malo que somos, lo feo que estamos, la suciedad que hay en nuestra alma. Pero quizás lo más dificil, es que estos juicios provienen de personas, cuyas vidas están opacadas como en el cristal de la historia.

Existe una fuente para medir lo valioso que somos. La Biblia nos habla de que nosotros hemos sido creados a imagen y según la semejanza de Dios. Si nosotros tenemos ese tesoro en nuestras vidas quiere decir que somos "casi maravillosos" porque Dios es totalmente maravilloso, y nosotros nos encaminamos a ser perfeccionados por El. Si sabemos que tenemos su semejanza, eso quiere decir que tenemos creatividad, hermosura, bondad de alma, amor, y muchas virtudes más que este espacio no alcanzaría para nombrarlas. Ese es el manantial de donde nosotros debemos sacar nuestra agua. Ese es el espejo donde nosotros tenemos que vernos.

Es muy fácil, emitir un juicio, como dice la palabra, "Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno." (Santiago 3:6) Hay muchas personas que utilizan las palabras para intentar destruirnos, pero debemos saber quienes somos y quien ha sido nuestro Creador, y en base a esto, debemos saber que a pesar de nuestras debilidades, de nuestro problemas y flaquezas, somos seres hermosos, con grandes capacidades y habilidades, porque a Dios le complació crearnos así.

No permitamos que las personas que tienen sus vidrios empañados, quieran dictarnos la cátedra de cuanto valemos o que somos. Sepamos desde el principio cuál es nuestro valor. Si hay cosas que corregir en nuestra personalidad corrijámoslas y sigamos adelante. Pero tengamos presente siempre que para Dios no hay creación imperfecta. El todo lo ha creado perfecto y hermoso. Y tu eres creación de Dios.

Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora,
Que va en aumento hasta que el día es perfecto.
(Proverbios 4:18)

(Colaboración: Lorena Pérez)

domingo 29 de marzo de 2009

SANANDO NUESTRAS HERIDAS...

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Cuando las cosas no son como queremos, desearíamos tener la varita mágica para cambiarlas a nuestra manera y conveniencia. Cuando salimos de un hogar destruido, cuando estamos viviendo en medio de la presión de una deuda inmensa, cuando hemos sido abusados o maltratados, o simplemente, cuando llevamos en la vida heridas que no hemos podido sanar, corremos, nos apresuramos, queriendo sanar, lo más pronto posible el lamentable estado de nuestras vidas.

No nos damos cuenta que estas cosas suceden y sucedieron en un lapso de tiempo, quizás fueron años, meses o días, pero todas llevaron un "proceso para generarse", y por consiguiente, también requerirán de un "proceso" para ser regenerados.

Vivimos en un mundo acostumbrado a buscar las soluciones fáciles, las tarjetas de crédito nos proporcionan vivir un placer efímero, de obtener y tener, cuando en realidad lo que hacen es involucrarnos en adquirir nuevas deudas. La comida rápida que se ve tan apetecible, es a la larga una forma de destruir nuestros organismos. Es así también cuando buscamos salidas fáciles a nuestros problemas más radicales.

Esta semana tuve la oportunidad de enfrentarlo cuando mi mascota se vio dañada por el mordisco de un perro mayor que él. Sus heridas al principio estaban encubiertas, y no se notaba nada malo, pero al generarse una infección en las mismas empezaron a brotar malos olores y él empezo a degenerarse, a perder el hambre y a caer en letargo, que seguramente lo llevaba a la muerte.

Cuando la gente lo veía con sus heridas abiertas, y supurantes, lo hacían a un lado y hasta le tenían asco. El proceso de su sanidad ha sido largo y costoso. No ha sido fácil para él y tampoco ha sido fácil para mi. Limpiar cada herida, echar la medicina y aguantar sus mordiscos, sus llantos y su desánimo ha sido una tarea difícil, pero conforme va pasando el tiempo, y bajo la guianza de un médico, esas heridas han ido cerrando y sanando de la mejor manera. Ver al gatito restablecido de la mejor manera, ha sido un ejemplo para mí de lo que es la restauración en la vida nuestra.

Las heridas generadas por las circunstancias que nosotros elegimos en un principio, necesitan un proceso para ser sanadas. No podemos hacerlo del día a la noche. Y tampoco lo podemos hacer a nuestra manera, buscando soluciones temporales, o equivocadas que acumularan aún más daño en contra nuestra.

Es buscando la guianza de Dios, haciendo lo que es correcto (y no lo que nos conviene) que llegaremos a poder primero "poner un orden" en nuestras vidas, y en base a este orden tomar acciones prioritarias para sanar nuestras heridas. El es un padre amoroso que nos tomará, nos desinfectará, nos aliviará el dolor y nos hará salir como nuevos, aún de las circunstancias más adversas.

Vengamos pues y acerquémonos a quien si puede restaurar nuestras vidas. El irá poniendo los pasos a dar para salir de ese proceso. Demos pasos firmes, pequeños pero seguros, para saber que hay una esperanza, que sí se puede salir de los problemas, pero que seguramente, y si lo hacemos de la mejor manera (esto es buscando la sabiduría de Dios), habremos salido, no solamente restaurados, sino con lecciones de vida aprendidas y una mayor sabiduría para enfrentar los retos nuevos que se nos presenten.

No temas, porque yo estoy contigo;
no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo;
siempre te ayudaré, siempre te sustentaré
con la diestra de mi justicia.

Porque yo Jehová soy tu Dios,
quien te sostiene de tu mano derecha,
y te dice: No temas, yo te ayudo.

Isaías 41:10, 13

(Colaboración Lorena Pérez)

sábado 21 de marzo de 2009

VOLVIENDO A DIOS...

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Existen muchas formas de irnos alejando de Dios. Los problemas nos llevan cual marea hacia dentro de un mundo que pocos conocemos, y del cual después nos cuesta mucho salir. La impaciencia por el mañana, las incertidumbres, nos hacen flaquear. Y en medio de tanto dolor, le echamos la culpa a nuestro creador de las situaciones que nosotros mismos hemos creado, a raíz de no buscar su rostro, y no buscar su guianza.

Volver a Dios, no es una serie de rituales, ni una serie de oraciones preconcebidas. No es una fórmula mágica. Es reconocer, que después de haberlo intentado todo, después de haber recorrido todos los caminos, no hay otra salida más que confiar en El. Lo cual debería ser nuestra instancia primordial, pero nuestro estado de humanos, nos lleva a confiar primero en nosotros mismos, sin saber que quien nos hizo, tiene todas las respuestas para nuestra vida.

Volver a Dios significa rendir nuestras vidas. No de manera humillante, ni de manera despreciativa. Es hacernos a un lado, decirle a El que tome el timón de nuestra barca. Es más, empezar a conocerle, darnos cuenta de su poder, entregarle nuestro corazón, nuestros anhelos y nuestros sueños, y dar pasos de su mano.

Pero quizás acá, es importante hacer notar que Dios, no es el ogro que nos han pintado con rayos en la mano... dispuesto a destruirnos cada vez que cometemos una equivocación. Tampoco es el hombre de negocios ocupado de los asuntos más cruciales del mundo. El que no puede voltearse a ver a una niña cuando esta en su dolor le pide por su madre que está sola. Dios es todo lo contrario.

Para volver a Dios hace falta el valor suficiente para tomar esa decisión. Enfrentar la vida creyendo en lo que no se vé... pero que evidentemente existe. Por la Fe... "es pues la fe, la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve" (Hebreos 11:1). Cuando somos niños, no nos preguntamos de donde vendrá nuestro alimento, nuestros padres terrenales lo proveen, y es así que tenemos cada día la certeza de que habrá un pan, un huevo, un plato de cereal sobre nuestra mesa. Ya ni preguntamos, nos subimos al banquito y nos lo comemos. Dios quiere que tengamos ese corazón de niños, para creer que cuanto pidamos, cuanto necesitemos, será provisto por él.

No estoy diciendo que nos volvamos fanáticos extremistas. Ni mucho menos que andemos hablando en cada esquina de cosas que no creemos. Es simple, es volver. Es entregarnos otra vez. Es perdonarnos a nosotros mismos por los errores cometidos y pedir perdón a nuestro Dios por cuanto hicimos incorrectamente. Dios es un Dios de nuevas oportunidades. Es la puerta abierta a una vida llena de paz y prosperidad.

Es por eso mismo que Jesucristo nos hacía la analogía con la parábola del Hijo Pródigo. Dios es como el padre amoroso, que no le importo ceder la mitad de todos sus bienes a su hijo, verlo caer hasta lo más bajo, y sentir el dolor de no tenerlo a su lado, por voluntad propia del hijo. Y sin embargo, cuando su hijo vuelve, el padre hace fiesta, hace lavar a su hijo, lo restaura, le pone túnica nueva y anillo de oro en su mano, y su amor permanece inmutable, a pesar de los errores de su pequeño.

Volver a Dios, es más cuestión de nosotros que de El mismo. La decisión está en nuestros corazones. Es un acto voluntario. Sabiendo que nada ni nadie nos podrá separar de ahi en adelante de su amor y su bondad.

Porque yo sé muy bien
los planes que tengo para ustedes
—afirma el Señor—,
planes de bienestar y no de calamidad,
a fin de darles un futuro y una esperanza.
Entonces ustedes me invocarán,
y vendrán a suplicarme, y yo los escucharé.
Me buscarán y me encontrarán,
cuando me busquen de todo corazón.
(Jeremías 29:11)NVI

sábado 14 de marzo de 2009

VOLVIENDO A EMPEZAR...

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La vida es un eterno ciclo de nuevas oportunidades. El fracaso se nos presenta la vuelta de la esquina, y muchas veces, este estigma no nos deja seguir adelante. Se ha tipificado, que si fracasamos, no hay vuelta atrás. El lamentable estado a seguir, es de hundirnos en una total depresión, y no seguir adelante. Tirar todo por la borda y desistir. Renunciar a nuestros sueños, y convertirnos en seres opacos y sin vida. Vivir por vivir, respirar porque se tienen pulmones, despertar porque es de mañana, los pies nos pesan y la vida nos pesa aún más.

Al día de hoy hay tantas oportunidades, en las cuales podemos caer. En nuestros negocios, en nuestras vidas personales. Muchas veces en los estudios, hay una amplia variedad de ocasiones en las cuales podemos fallar. De eso se trata la vida, de un continuo test de capacidades, para ver si se alcanza y se completa una meta fijada. Y no importa, cual sea la hazaña que querramos emprender, o la aventura que querramos tomar... siempre hay un miedo a fracasar, a caer, a no completarla. Muchas veces nos llega sin nosotros esperarlo.

El concepto anterior es visto desde los ojos del hombre, del humano limitado que no puede ver más allá de tres metros a la distancia. Cuando las fuerzas se acaban, ya no hay más que hacer. Son pocas las personas que se levantan y enfilan el camino de nuevo. Son pocos los héroes que han quemado sus barcos para retarse y animarse a caminar en lo incierto en busca de nuevos caminos.

Que difícil sería la vida si lo anterior fuese cierto. Si los humanos estuvieramos predeterminados a triunfar, y el que no triunfa es desechado por una sociedad perfeccionista, que solo aplaude a los ganadores, y no valora el esfuerzo hecho en el transcurso de llegar a la meta. Que absurdo sería pensar, que si no ganamos no vivimos.

Gracias a Dios por tener en él una respuesta diferente. Cuando conoces a Dios y tienes con él una relación personal te das cuenta, que el fracaso solo es el espejo para que veamos nuestras debilidades... sin embargo, también nos abre la puerta a confiar que detrás de nosotros y como respaldo hay un Dios inmenso que se perfecciona en nosotros cada vez que somos débiles. (1 Corintios 12:9).

Nos damos cuenta que la vida en Dios es una vida llena, abundante de nuevas oportunidades. Su palabra nos dice que cada mañana sus misericordias son nuevas. Traducido, a nuestra vida práctica significa que al año tenemos 365 nuevas oportunidades de intentarlo de nuevo. Claro, está la voluntad de que nosotros querramos levantarnos y volver a empezar. De desempolvar la armadura, gastada y abollada por los golpes de la vida, y ceñirla de nuevo, espada en mano para poder volver a pelear la batalla de la vida.

No importa cuan cansado estés... no es importante si la gente te ha llamado fracasado toda la vida. A Dios no le importa tu estado actual, le importa tu corazón, le importa que sepas que en él, puedes alcanzar todas tus metas y todos tus sueños. A Dios le interesas tú, con todo tu equipaje de buenos y malos momentos. Si te acercas a él, y le entregas tu vida, totalmente, con todos tus sueños frustrados y tus equivocaciones, el enderezará tu senda, y hará que veas días mejores en tu vida... Lavará tus heridas, alistará tus manos, aderezará tus pies y te alistará para que empieces a caminar de nuevo... de su mano, aferrado a él, reconociendo que no serán tus fuerzas las que te ayudarán a alcanzar el éxito, sino la gracia infinita de quien todo lo ha dado por tí.

Gracias a Dios, porque en él... podemos volver a empezar. No importa la edad, no importa el estado físico. En Él siempre hay una puerta abierta, para volver a soñar de nuevo.

Recuerda que ando errante y afligido,
que me embargan la hiel y la amargura.
Siempre tengo esto presente,
y por eso me deprimo.
Pero algo más me viene a la memoria,
lo cual me llena de esperanza:

El gran amor del Señor nunca se acaba,
y su compasión jamás se agota.
Cada mañana se renuevan sus bondades;
¡muy grande es su fidelidad!
Por tanto, digo:
«El Señor es todo lo que tengo.
¡En él esperaré!»

Bueno es el Señor con quienes en él confían,
con todos los que lo buscan.
Bueno es esperar calladamente
a que el Señor venga a salvarnos.

(Lamentaciones 3:19-26) NVI

colaboración de: Lorena Pérez